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No es fácil elegir
El vencimiento del plazo para inscribir las alianzas electorales obligó a algunos candidatos a terminar de deshojar la margarita y decidir de una vez por todas en que equipo iban a jugar en la contienda de octubre.
Hacia fines de agosto se pudo leer por ejemplo en el diario Clarín títulos como «Blumberg definirá hoy si lo apoya a Sobisch o se va con Lavagna» o «López Murphi se decide hoy entre Carrió y el apoyo a medias de Macri».
Más allá de los nombres en particular de estos títulos y de las decisiones finales que hayan adoptado que son anecdóticas, lo notable es que candidatos que intentarán convencer al electorado de las bondades de sus propuestas y de la firmeza con que defenderán los intereses de la sociedad y que repetirán hasta el cansancio que lo que pretenden es que se discutan ideas y proyectos, a la hora de definir dónde están parados a lo que menos le prestan atención es a las propuestas, a la firmeza en las convicciones, a las ideas o a los proyectos.
No resiste el menor análisis que alguien que dedica su vida a la política y que conoce de sobra quién es quién y qué intereses defiende pueda dudar hasta último momento entre personajes tan opuestos o dispares como pueden ser las alternativas Carrió/Macri o Sobisch/Lavagna.
¿Qué sesudos criterios habrán a utilizado en esas febriles horas finales de negociación para decidir en el último instante qué colectivo los iba a acercar más a la porción de la torta del poder a la que aspiran?
No cabe duda que justamente el criterio que utilizaron es el de la negociación, el pragmático «qué es lo que más me conviene, dónde consigo más ventajas», dejando de lado toda otra cuestión, en particular las ideas, las convicciones y los intereses de la sociedad.
Nadie con honestidad intelectual puede dudar entre el agua y el aceite. Conocen muy bien para qué sirve una cosa y para qué sirve la otra. Y si les da lo mismo zambullirse en el agua o darse un baño de aceite entonces el dicho popular «a vos cualquier bondi te deja bien» los describe de la manera más precisa.
Lo curioso es que al instante siguiente de la obligada definición por los plazos que la justicia electoral impone, en un mágico proceso de esclarecimiento, todas las dudas desaparecen y pasan a estar totalmente convencidos, y a afirmar que siempre lo estuvieron, de que ellos y sus flamantes aliados son la única opción.
Estos casos citados a título de ejemplo son una muestra de lo que pasa en buena parte de todo el arco opositor y también, más allá de detalles de forma, de la conducta del oficialismo que en cada provincia arma un rompecabezas diferente, en cada rincón del país teje un entramado de alianzas distinto. Y así en un lugar va a las urnas con «Blanco» y en otro elige ir de la mano de «Negro» y en un tercero, por las dudas, apoya a «Blanco» y a «Negro» a la vez y termina en un gris mediocre que no dice nada pero que le asegura el triunfo.
Frente a este panorama los ciudadanos tienen que votar. Tienen que confiar en alguien. No es fácil. Tal vez habría que otorgarle más crédito a quienes se ha mantenido siempre en el mismo lugar. No deben ser muchos.
Por suerte la naturaleza es más confiable y una vez más tendremos con nosotros a la primavera. Dejemos que su energía nos penetre y que florezca lo mejor de nosotros.
¡Feliz primavera para todos!
Nos reencontramos en octubre, ya casi con una mano en la urna.
El Equipo de La barra

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