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CONCIENTE - INCONCIENTE |
Los sueños: ¿Son sólo sueños?


EL TRABAJO Y LA SALUD MENTAL |
Sobreviviendo al desempleo

CONCIENTE - INCONCIENTE

Los sueños: ¿Son sólo sueños?

Para dar comienzo a esta larga y ardua temática en relación a los sueños podemos empezar haciendo referencia al valor inconsciente que tienen, ya que portan un sentido, una significación, un para qué y son pasibles de ser develados a través de una técnica apropiada iluminando aspectos desconocidos o reprimidos hasta ese momento de la vida del sujeto.

La mayoría de los acontecimientos oníricos son fácilmente olvidados ya que son imágenes únicas, sucesos desordenados, no se le suele poner el debido interés durante el día, se presentan desfigurados en la conciencia del sujeto, motivo por el cual pareciera que no tienen conexión entre sí y con nuestra propia vida. Todo esto favorecerá el olvido del sueño durante la vigilia. Aún así los sueños no pierden su grandioso valor para develar aspectos de la vida del soñante.

Dentro de los sueños, nos encontramos con las llamadas pesadillas. Estas últimas tienen como una característica fundamental y es que se presentan como una especie de sueño terrorífico, el cual le genera sufrimiento al durmiente, a su vez lo deja sin posibilidad de movimiento, quedando como resquicios de conciencia sufriente de la situación (gritos ahogados, parálisis, impotencia motriz, etc.).

El sueño es una producción psíquica que encierra aspectos de diferentes estratos de la historia del paciente y muchas veces son el intento de elaborar situaciones que han quedado sin resolver en la vida del soñante. Por lo cual, los sueños casi siempre nos aportan un saber no sabido por la conciencia, los sueños hablan, los sueños dicen algo.

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EL TRABAJO Y LA SALUD MENTAL

Sobreviviendo al desempleo

«No puedes volver el reloj para atrás, pero sí puedes darle cuerda otra vez» Bonnie Pruden

Estar sin trabajo es una fuente inagotable de conflictos que pueden provocar, en quien lo sufre, en quien lo padece, un considerable deterioro de su salud mental.

Un resultado sorprendente fue arrojado por la siguiente encuesta: ¿seguirían trabajando si ganaran la lotería? El 80% de los entrevistados respondió que Sí, seguiría trabajando aunque no tuviera necesidades económicas. Es que el trabajo no es sólo una fuente de ingresos, sino que nos brinda la posibilidad de estar activos. Le confiere a las personas un reconocimiento en el plano social, le otorga un status, le brinda identidad.

Sintiéndose útil puede estructurar su tiempo diario. Quien distingue entre ocio y trabajo tiene una mejor expresión y un mayor dominio del ambiente. Mantener un trabajo implica sostener la confianza en sí mismo.

Desde el punto de vista psicológico el trabajo tiene una gran importancia simbólica por el reconocimiento que le brinda a la persona.

Este reconocimiento se puede diferenciar en dos partes:
1) La primera, concerniente a lo que esta persona por su función brinda a nivel técnico, y esto le retorna económica y socialmente en aumentos de salarios, premios o ascensos.
2) La segunda, habla de la eficacia de su tarea. Este reconocimiento se refiere a la apreciación valorativa de sus cualidades y atributos particulares, que lo distinguen de sus compañeros.

Aquí pondrá en juego al desarrollar la tarea, su originalidad, su creatividad, su capacidad de manejar situaciones, y su ingenio en la función que lleva a cabo.

Todos estos atributos que lo distinguen y lo hacen único apuntalan la identidad de una persona. El reconocimiento que recibe por su trabajo, es una gratificación a su identidad personal, y el valor que se siente al ser reconocido por otros es homologable a la expresión de amor por un ser querido.

Cuando esto se pierde como consecuencia de la falta de trabajo, el seguro de desempleo o un subsidio similar, no resultan suficientes para el bienestar psico-emocional de la persona desocupada.

Estar desocupado, estar sin trabajo, paraliza la construcción de su identidad en el campo social. El placer por la función que desarrollaba deja de estar, habrá sufrimiento y, cuando éste persiste, genera enfermedad.

Un anuncio de despido es vivido con perplejidad, mezcla de escepticismo, miedo y desorientación. Un despido es vivido como un fracaso y la persona queda sin capacidad para hacer planes para el futuro.

Al cabo de unos días puede (intentando acomodarse a la realidad de alguna manera) empezar a sentir que «está de vacaciones». No es rápido tomar conciencia de la pérdida del empleo. Cuesta las primeras semanas iniciar la búsqueda (se ocupa el tiempo haciendo cosas postergadas). A medida que pasan los meses, surge el miedo a no poder reincorporarse en el mundo laboral.

Ir a lugares, presentarse, dejar curriculums, enviar cartas, tener entrevistas, estar a la espera de que lo llamen, intensifica la ansiedad. El humor empieza a modificarse, se está más irritable. Pasando los meses, el desocupado se vuelve fatalista: la búsqueda de trabajo disminuye, se realiza ocasionalmente sin ninguna esperanza de éxito. Se siente un fracaso personal. El tiempo parece vacío y carente de sentido. Puede pasar gran parte del día durmiendo o viendo televisión. El fin de semana pierde su significado. Estar sin trabajo genera vergüenza y acrecienta su inseguridad. Esto lo lleva a apartarse de la vida social. Esto se va agravando a menudo, por la indiferencia y a veces el maltrato o trato peyorativo que pueden recibir de su círculo de familiares o amigos.

Aquí el placer del trabajo quedó excluido, no se puede elegir otra cosa. Es un mal calmante laboral. Este sufrimiento genera riesgo de una descompensación psicofísica mayor.

Hay trabajos donde se vive con la amenaza latente : « Me quedo sin empleo en tres meses ..., el proyecto por que ingresé es de meses», que generan una confrontación permanente con el miedo, la falta de expectativa de integración a un equipo, la incertidumbre constante.

Ninguna situación de trabajo es neutra para la salud. O juega a favor de la realización personal y de construcción de la persona o, sino, se vuelve un sufrimiento, o sea, adquiere un factor patógeno. Se pierde la confianza, la autoestima, y la autovaloración. La desocupación priva al individuo no sólo de los recursos económicos necesarios para vivir, sino además, de los efectos saludables de trabajar.

Sería necesaria una política social real y efectiva del Estado, para que las personas no ingresen en el sufrimiento de tener que sobrevivir a una situación de sobrevivir al desempleo, que trae como consecuencias enfermedades físicas y mentales.

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Lic. Alicia B. Incarnato
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