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ENTREVISTA A ROBERTO PINTOS
Un peregrino a Santiago de Compostela: 600 Km. a pie
Muchos conocen a Roberto
Pintos, gerente del club Estudiantil Porteño de Ramos Mejía, sobre todos los socios y concurrentes al club que lo ven ir y venir continuamente por las instalaciones ocupándose de que todo funcione bien.
Pero pocos saben que fuera del club es un hombre que tampoco se queda quieto. Hace poco más de dos años aparecía en “La barra” por haber escalado el volcán Domuyo, el más alto de la Patagonia con 4.709 metros. Hoy lo tenemos otra vez como protagonista de un nuevo desafío: acaba de regresar de un largo viaje por tierras españolas: 600 Km. a pie, mochila al hombro, durante 20 días de marcha, recorriendo el famoso camino de peregrinación a Santiago de Compostela, el camino que según dice la tradición empieza en la casa de cada uno y termina en la tumba donde yacen los restos del apóstol Santiago dentro de la Catedral. Un proyecto que comenzó a germinar hace alrededor de tres años, para el que se preparó con esfuerzo y que pudo concretar con éxito.
Haciendo un poco de historia, el apóstol Santiago es considerado el primer evangelizador de España. Luego de su martirio y muerte en Jerusalén, sus discípulos trasladan sus restos por barco hasta las costas gallegas donde lo entierran. En el siglo IX, el 25 de julio de 814, se descubre la sepultura y el monarca asturiano Alfonso II se traslada en peregrinación mandando construir allí una basílica.
De ahí en más el lugar se convierte en punto de convocatoria de miles y miles de peregrinos que comienzan a llegar primero desde distintas regiones de España y luego de toda Europa. Se va conformando un camino principal que se transforma en una corriente cultural y comercial de gran magnitud. Esto dura hasta el siglo XV en que la permanente situación de conflicto que atraviesa el viejo continente hace que la peregrinación vaya quedando casi totalmente en el olvido. Recién en los años 70 del siglo XX vuelve el auge y el entusiasmo por volver a transitar el camino a Santiago de Compostela, a pie, a caballo o en bicicleta, y esto se da a partir de dos factores: por un lado el gran impulso dado por la iglesia católica para revivir esta tradición, y por otro la cada vez mayor cantidad de adherentes en todo el mundo a esta práctica que se conoce como “Turismo lento” que atrapa a millones de habitantes de los grandes centros urbanos que buscan un descanso a la agitada vida de las ciudades.

Catedral de Santiago de Compostela
“Yo hice el camino más conocido que es el que se denomina Camino Francés, cuenta Roberto, entrando por Roncesvalles en la frontera francesa, Navarra y sigue la dirección Puente La Reina, Logroño, Burgos, León, Astorga, Arzúa, llegando a Santiago. En el trayecto el paisaje es muy variado. Por un lado lo que ofrece la naturaleza, zonas con todos los matices del verde en las primeras etapas. Luego el suelo inhóspito de la tierra leonesa. Más adelante el paisaje explota de belleza en la cordillera cantábrica, en los montes gallegos, para llegar al final acompañado por toda clase de flores.
Por otro lado la historia, la cultura, se presenta en todo su esplendor. A lo largo del camino se atraviesan más de 80 ciudades o pueblos. Muchos de ellos están casi vacíos, sin juventud, y la población que queda vive de los peregrinos, pero conservan increíbles y antiquísimas catedrales, verdaderas joyas arquitectónicas del pasado, así como también las construcciones de los templarios. La historia está presente a cada paso. El estilo románico en los castillos, los monasterios, hasta por momentos se transita por las antiguas calzadas romanas.
Todo lo que se ve es tan impactante que el cansancio queda en el olvido.
Para hospedarse Roberto fue utilizando hostales. Hay a lo largo del recorrido numerosos albergues para los peregrinos y posibilidades de comer a muy bajo costo. Más allá de lo que sale trasladarse desde Argentina a Europa, todo el trayecto se puede realizar a muy bajo costo.
El camino está muy bien señalizado. Sólo hay que mantenerse atento a las flechas amarillas que en todo momento van indicando la dirección correcta. Este es el único inconveniente que le quedó a Roberto de su aventura: tanto se acostumbró a seguirlas que hoy ya de regreso anda buscando las flechas amarillas en Ramos para orientarse. Mientras se habitúa a que aquí no las va a encontrar, ya debe estar imaginando su próximo viaje.

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Prestar atención
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