GOOD NEWS SINGERS CERRÓ EL 2004 A PURO GOSPEL

Cantando Buenas Noticias

Con el espíritu de la Navidad, una vez más el coro GNS llevó su mensaje de esperan-za fuera del terruño de Ramos Mejía (...)

LIBROS

Recomendados del mes

Sydney Sheldon, ¿Tienes miedo a la oscuridad?

Marcelo Bonelli, Un país en deuda.La argentina y su imposible relación con el FMI

 

 

CONCURSO LITERARIO ANIVERSARIO LOMAS DEL MIRADOR

1er Premio Cuento Adolescentes

1er Premio Cuento Breve

1er Premio Poesía

 

ESTRENO DE DespaRamos

“Hasta acá llegamos”

Con dos brillantes actuaciones, el sábado 11 de diciembre del pasado año en la plaza Mitre de Ramos Mejía y el domingo (...)

 

SOCIEDAD DE ESTÍMULO DE BELLAS ARTES

Muestra anual de plástica

La Sociedad de Estímulo de Bellas Artes de Ramos Mejía realizó del 9 al 20 de diciembre una muestra en la que los alumnos de los distintos talleres (...)

 

GOOD NEWS SINGERS CERRÓ EL 2004 A PURO GOSPEL

Cantando Buenas Noticias

El coro GNS en su presentación en Palermo

Con el espíritu de la Navidad, una vez más el coro GNS llevó su mensaje de esperanza fuera del terruño de Ramos Mejía. El pasado 23 de diciembre de 2004, Good News Singers (“Cantantes de Buenas Nuevas”), el coro de música negra de esta localidad despidió el año con un concierto en Palermo, en el bar SF Espacio de Arte y Cultura.

Así, dio cierre a un ciclo donde, entre otras presentaciones, se destacó su participación especial en el recital que dio Vivi Scaliza, cantante y guitarrista de las Blacanblus, en Haedo, y el concierto en King's Pub, en agosto del mismo año en Ramos Mejía.

Esta agrupación, dedicada al estilo Gospel, Negro Spiritual y Jazz, nació en abril de 2003, y desde entonces, de la mano de sus directores y arregladores, Alejandro García y Pablo Avila, fue recorriendo clásicos del repertorio afroamericano, como Just A Little Talk With Jesús (Sólo una pequeña charla con Jesús) , el tan famoso Oh! Happy Day (Oh, Día Feliz) y, para estar a tono con las Fiestas, también villancicos: Hark! The Herald Angels Sing (Escuchen el Canto de los Ángeles Mensajeros).

Luego de su merecido descanso, el coro retomará sus actividades en marzo, cuando se abrirán las puertas a nuevos integrantes, nuevas canciones y nuevos conciertos... las “buenas nuevas” del 2005.

LIBROS

RECOMENDADOS DEL MES

   

Sydney Sheldon

¿Tienes miedo a la oscuridad?

Emecé – Grandes Novelistas

$ 29

 

En Berlín, una mujer es secuestrada en plena calle; en París, un hombre se tira desde la Torre Eiffel; en Denver, un pequeño avión choca contra una montaña y en Nueva York, el East River arroja un cadáver a la playa. Kelly Harris y Diane Stevens -ambas jóvenes viudas de dos de los asesinados- se encuentran en Nueva York, donde T anner Kingsley, el jefe de KIG, les asegura que está poniendo todo su esfuerzo en averiguar quién los mató. Puede que sea tarde, porque ahora alguien está tratando de matarlas o ellos. ¿Quién y por qué? Forzadas a estar unidas para protegerse, tratan de encontrar una respuesta mientras participan de un espeluznante juego del gato y el ratón contra fuerzas desconocidas que quieren aniquilarlas.Tensa, electrizante, perturbadora, la esperada nueva novela de Sidney Sheldon muestra al autor de éxitos inolvidables en plena posesión de sus recursos para crear thrillers que mantienen en vilo al lector hasta la última página.

   

Marcelo Bonelli

Un país en deuda

La argentina y su imposible relación con el FMI

Editorial Planeta

$32

Rodrigazo, Plan Martínez de Hoz, Plan Austral, Convertibilidad, Devaluación, Pesificación... Pocos argentinos dudan de que esos titulares están íntimamente asociados a la pendiente que desembocó en la crisis abierta y explosiva de finales de 2001; buena parte de nuestra historia reciente se escribe con la letra de los sucesivos "planes económicos" que, de modo recurrente, se anunciaron denostando a la gestión anterior -"nos han dejado un pesada herencia"- para, en lo esencial, continuar con las mismas recetas.

Casi treinta ministros de Economía acompañaron a los trece presidentes que tuvo la Argentina desde la muerte de Juan Perón en 1974. Sin embargo, existen constantes, y una de ellas -tal vez la fundamental- conjuga dos términos siempre presentes, tanto en democracia como en dictadura, en momentos de caos o de calma: la deuda externa y el Fondo Monetario Internacional.

Marcelo Bonelli es, sin duda, un testigo privilegiado de estos procesos. Pocos como él han tenido acceso a la trama secreta de la deuda externa argentina, palpitando paso a paso las negociaciones, accediendo a los "memos" confidenciales, pulsando el carácter y el estilo de los personajes de uno y otro lado, analizando los hechos con perspectiva crítica. Su mirada sobre la realidad reúne la avidez del periodista con la solvencia del estudioso de la economía.

Este libro conjuga ambas vertientes. La del hombre que "estuvo ahí", que recorrió los vericuetos del Palacio de Hacienda, que observó, cercano, la cara exultante de Menem compartiendo cartelera con Bill Clinton y Michel Camdessus en el estrado de la Asamblea Anual del FMI. Mano a mano con Duhalde en los peores días de la crisis, buscó la verdad de Grinspun, conoció la intimidad del equipo de Machinea, intuyó a López Murphy, polemizó con Cavallo y supo advertir los matices de Lavagna. Un país en deuda. La Argentina y su imposible relación con el FMI es un detallado recorrido que echa luz sobre uno de los principales problemas argentinos, con datos precisos e información calificada. Bonelli interviene en un debate clave para un país que quiere dejar atrás el default. Aporta un diagnóstico para la reflexión y acerca propuestas, subrayando la necesidad de abandonar lo que el autor denomina certeramente el "Movimiento Ultrafinanciero de Poder", para poner en marcha un plan de crecimiento por el camino de la producción y el trabajo.

CONCURSO LITERARIO ANIVERSARIO LOMAS DEL MIRADOR

 

A partir de este número de La barra, compartiremos con nuestros lectores las obras

inéditas de los ganadores del concurso organizado por nuestro periódico con motivo

de cumplirse 20 años desde que Lomas del Mirador fuera declarada ciudad. La tarea

del jurado fue sumamente ardua por la calidad de las obras que se presentaron.

Agradecemos a todos aquellos que participaron y esperamos que disfruten de estos

relatos, a la par que humildemente felicitamos a sus autores.


¡Gracias!

 

 

1er Premio Cuento Adolescentes

El Reencuentro

Les voy a contar una leyenda que sucedió hace muchos años, cuando Lomas del Mirador recién comenzaba a poblarse.

Se cuenta que por aquél entonces había un hombre que iba todos los días a un bar llamado “La mal pensada" a tomarse unas copitas de Ginebra y a conversar para divertirse por un buen rato. Este joven trabajaba en un frigorífico de la zona y sólo le faltaban unas materias para recibirse de abogado.

Él era joven alto y de cabello oscuro que poseía una mirada que inspiraba confianza y una sonrisa que le iluminaba la cara.

En una de esas noches al salir del bar se encontró con una joven hermosa, no muy alta, rubia y con un cabello largo hasta la cintura, era tan hermosa que creyó haber visto un ángel.

Con esas cosas que tienen los jóvenes no tardaron en entablar una conversación, parecía que el tiempo volaba, quedaron en encontrarse la noche siguiente, luego de que ella se negó a que él la acompañara a su casa.

Fueron transcurriendo las noches y él se dio cuenta de que se había enamorado de ella y sintió que ella sentía lo mismo, fue entonces cuando comprendió que ella era esa otra parte de su alma que había encontrado en esta vida, pero una noche el decidió seguirla sin que ella se diera cuenta. Cuando hicieron unas cuadras el sintió un frío que recorrió todo su cuerpo.

El joven iba mirando fijamente aquella silueta que tanto amaba y, de repente, sin explicación alguna, ella desapareció.

Creyó que había enloquecido; volvió corriendo al bar y lo comentó con la dueña del lugar, el joven le describió la fisonomía de la joven, en ese momento fue cuando a la mujer se le desencajó el rostro sin poder disimularlo y le dijo que esa chica había muerto años atrás trágicamente, que vivía en la casona del monte Dorrego y que muchas veces vecinos la han visto deambulando en las noches sin rumbo alguno.

Hoy mi abuelo con casi 90 años cuenta que jamás pudo borrar de su mente a esa joven. Muchas noches enciende su pipa y sale a caminar, quizás esperando volver a ver a esa joven o tal vez la sigue viendo todavía...

Rocío Jimena Magallán Gancedo

1er Premio Cuento Breve

LOMAS DEL MIRADOR: INSPIRACIÓN PARA RESCATAR LAS ESENCIAS

Digo que mis cantos son para los unos... sonidos

y para otros... intención.

A Jauretche (1)

Entre los objetos que resisten el paso del tiempo podría organizar una lista bastante numerosa, sin embargo si intentara seleccionar uno que tuviera vinculación con mis raíces no dudaría en poner en primer lugar al “ ladrillo". Objeto único si lo hay. el ladrillo tiene en la vida del hombre, una presencia única y particular, atributos que le dan solidez, y, en su cuerpo rectangular, se conjuga una armónica relación entre elementos naturales e inteligencia humana, en un producto peculiar portador del peso de la historia. Este relato intentará recuperar del anonimato al objeto a través del cruce entre lo material, su utilidad y del vínculo que ha establecido en la construcción de la genealogía del barrio.

Mis raíces se esparcen espacialmente en el rectángulo fundacional de "La Loma", en los albores del siglo XX, cuando mis abuelos emigrados españoles se animaron a trazar una nueva biografía lejos de muchos de quienes fueran sus modelos. El querer fue poder, y al reverso de su tierra natal empobrecida pudieron vislumbrar fértiles horizontes donde edificar otras moradas y configurarse. Curiosamente desde la sombra de una pared de la casa donde habito, la misma que ellos construyeron en la calle Flores, intento comprender cómo el sentimiento de desarraigo que sintieron inicialmente, fue compensado por la proyección de un nuevo camino en "la prometedora América". Volver a empezar significó construir otros referentes para una nueva memoria e identidad. Tal vez mis abuelos lloraran en silencio el abandono de su patria, pero optaron por un olvido selectivo que les permitiera comenzar, ubicarse y construir con la sabiduría de sus manos su lugar en el mundo. Lo cierto es que esta semblanza íntima tiene como referente un trozo de ladrillo de una de las paredes más viejas que acaba de demolerse. Su magnetismo me obliga a tenerlo presente y no arrojarlo al contenedor estacionado en la puerta de mi casa. Lo acerco a una de las ventanas, para que el sol lo ilumine, lo doy vuelta y vuelvo a observarlo: envejecido, sus variables colores, sus olores tan profundos y sus oquedades, huellas imborrables del paso del tiempo; se conecta conmigo y establece un diálogo del que no puedo mantenerme al margen. Me proyecté por uno de sus pliegues y, al ingresar en una de sus fallas, puede escuchar el suave murmullo de aquellos que parecen estar dispuestos a compartir su historia. Con una curiosidad casi infantil y con la convicción de que ese objeto otrora desechable era una pieza esencial en mi pasado, me dejé llevar y crucé la barrera en viaje hacia un ayer donde tal vez pudiese encontrar muchas respuestas a preguntas que siempre me he formulado... En la galería cerrada de mi casa, el aire se cubrió de un estatismo extraño, la luz congelaba en su proyección el velo de las partículas que hacía instantes desafiaban la gravedad e ingresaban alborotadamente por la ventana. El silencio se hizo sentir, parecía eterno. De pronto, una ráfaga de aire fresco echó claridad sobre un paisaje diferente, y, como un espectador privilegiado, pude observar un escenario distinto al que transito a diario por ese barrio. Intentaré compartir aquello que sentí.

Decididamente "La Loma" era, como tantas veces mi madre me había contado echando mano a los recuerdos de su infancia, una parte de la pampa húmeda y ondulada, con mucho verde y espacios agrestes. Desde una galería, ahora abierta, con techo de chapa, lugar del que no me había movido, podía divisar grandes parcelas despobladas, y, con un golpe de vista, conseguía tomar instantáneas sobre aquellas viviendas de apariencia tan precaria, pero conformadas como por un mismo arquitecto. Algunas de esas casas recostadas sobre medianeras inexistentes, exhibían sus patios desnudos y se disponían en el centro de grandes terrenos; sus limites se marcaban formalmente por el entretejido de los alambradas, con otras o también baldíos. Recorrí con curiosidad mi propia casa, reconociendo que para mis abuelos el trabajo tenía un claro impacto en el modo de habitarla y de organizar la economía familiar.

Desde su patio, el sol entraba a raudales, permitió que todos los rincones quedaran descubiertos ante mis ojos, me desafiaba a construir un mapa para encontrar el rumbo. El fondo era una gran extensión poblada de variados frutales: pomelos, naranjas, membrillos, ciruelas. Algunos otros árboles daban a aquella huerta una fisonomía multicolor. Pensé en el hombre esbelto de profundos ojos azules y con poco pelo: con sus manos los había cultivado, como fuente inagotable de recursos. Evalué la distancia de intereses que podía existir con mi abuelo, al comprender el valor que la tierra tenía para el funcionamiento de la familia, su afincamiento y crecimiento. Juzgué aquella obra, descubierta ante mis ojos, como fruto de una innegable laboriosidad, sabiduría y economía de recursos naturales.

Fue sorprendente reflexionar a través de la labor del castellano, el contraste de intereses entre sus necesidades y las mías. El lugar convertido en parque actualmente, es un espacio destinado al ocio y a la recreación familiar.

Los aromas frutales dispersos en un aire puro de un cielo diáfano, también contrastan con el enrarecido viento que conforma la atmósfera de la ciudad... "Los aires de la Loma ya no son los buenos aires de entonces", dije para mí.

Tomé un rumbo no planificado, volviendo sobre mis propios pasos desde el fondo, observé una parra sarmientina que cobijaba el patio, debajo de la cual mi abuela solía lavar la ropa. En ese camino sin retorno, pude percibir un perfume a dulce de membrillo que venía de la cocina y del que tanto me había hablado mi madre.

Caminé hacia la puerta de la calle y una vez allí, aparecieron imágenes que me hacían protagonista de una vieja película argentina, la que se proyectaba con total naturalidad: una calle

de asfalto claro sobre el cual transitaban algunas personas, un Ford estacionado a la distancia, y un carro tirado por un caballo donde viajaba el repartidor de leche, pasaban frente de mí.

En la esquina había gente reunida. Percibí en esas personas inquietud, un movimiento que indicaba que ese día algo ocurriría. Algunos vecinos parecían acordar la ida conjunta a un espectáculo, tal vez a un partido de fútbol, pensé. Los niños mostraban una gran excitación y a muchos adultos se los notaba intrigados. Me acerqué al grupo para preguntar que sucedía, pero nadie me contestó. Modulaban diálogos en un idioma que no lograba descifrar. Me dispuse a esperar como una sombra, sin que notaran mi presencia. Me intrigaba saber qué acontecimiento se produciría en aquel lugar.

Observé que algunos se dirigían como en procesión hacia el sur, por una calle que, a diferencia de Flores, era un sendero irregular de tierra. Todo parecía indicar que valía la pena seguirlos. A pocas cuadras de distancia llegamos a una estrecha avenida de calzada elevada, con adoquines, limitada en su mano derecha por un zanjón, el que muchos cruzaban de un salto hacia la vereda de enfrente.

Un edificio abandonado con apariencia de pulpería se abría en aquella esquina. Sus dos plantas remataban en galerías de chapas que estaban en colgajos; sus puertas, desvencijadas; de sus techos altos con tejas rojas surgía un Mirador.

"El Mirador de Santa Lucia", era una vetusta torre de una construcción imponente; su altura, resistía milagrosamente el asedio de los vientos del sur. En tiempos de Rosas, había servido a los lugareños para avizorar malones de indios que los acechaban en pos de recuperar lo suyo. Lo cierto es que este trazo de historia, no ocultaba el paso del tiempo y contrastaba de manera evidente con la escasa funcionalidad que en esos momentos tenía la construcción. La gente se congregaba, parecía que algo sucedería allí. Todo el barrio buscaba una ubicación privilegiada para algo que presagiaba ser un festín único.

Mientras esperaba, observaba sus diferentes pobladores, las personas entraban fácilmente en comunicación entre sí. Entre los concurrentes algunas miradas me parecieron familiares.

Los lugares también eran notablemente distintos. Terrenos que están hoy cuidados, convertidos en plaza y casas con jardines, estaban por aquella época cubiertos por pastizales e incluso lindaban con casonas de amplias quintas. Frondosos árboles en abundancia daban reparo a los espectadores.

Luego de un rato comenzó un gran movimiento, una cuadrilla de hombres musculosos, que por momentos parecían escapados de una película de ciencia ficción, entraron como hormigas con palas y picos al predio del Mirador. Comenzaron a ascender con unas escaleras que mecánicamente se empalmaban y llegaban milagrosamente hasta la altura de la torre. Algunos decididamente trepaban, urgidos vaya uno a saber por qué compromiso. Montados en una depredación incomprensible cumplieron con su tarea avasalladora. Los pedazos de tejas y ladrillos volaban por los aires, impactaban luego estrepitosamente en el suelo. Pude ver cómo los muros enmohecidos por el paso de los años caían fustigados por un piquete inexorable. Un sonido visceral a hierros retorcidos, clamaba desde el techo a los cimientos por continuar en pie. La gente con una alegría inadmisible conversaba en un lenguaje que seguía sin entender, gritaba alborozada, se reía y señalaba hacia el cielo. Algunas familias habían extendido mantas sobre un descampado en la esquina de enfrente, y merendaban mientras la mano arrasadora del progreso gozaba poniéndole fin a aquel monumento del pasado.

Una orquesta popular reunida espontáneamente comenzó a tocar un tango de D'Arienzo, muchos de los concurrentes se pusieron de píe y lo bailaron.

Sorprendido, traté de convencer a quienes me rodeaban para que impidiéramos que lo que estaba ocurriendo continuara. Corrí, hablé intentando persuadirlos, pero nadie pudo escucharme. Nadie. Muchos pasaron sin verme, sin reparo. Me detuve ante el derrumbe total, exhausto, saboreando la decepción ante aquellas imágenes, los últimos estertores llegaban desde los cimientos de un lugar ahora inexistente.

Decidí alejarme de allí con la impotencia de haber sido testigo de aquella destrucción, sabiendo que muchos de quienes hoy asistían al espectáculo, lamentarían la pérdida años después.

Nadie tomó el mismo camino de retorno que yo , ni aún aquellas miradas que me parecieron familiares. A pocas cuadras, decidí volver para conservar aunque más no fuera, algún fragmento del alma de nuestra historia barrial. Anochecía. Crucé aquella calle desierta, sin tiempo, un lugar cuya memoria se había esfumado. Subí la montaña de escombros informes, la pila de ladrillos ya en el anonimato. Tomé uno, y lo protegí, abrazándome a él. Mientras me alejaba, la noche me apresaba, bajo un cielo tormentoso que infundía miedo.

Comenzó a llover sobre los campos, el agua que caía copiosamente me empapaba. Un relámpago con su trueno iluminó el horizonte, ya no temblaba. La fractura había comenzado y también la desmemoria con su pérdida de referentes, aquella a la que estaríamos tan acostumbrados en los tiempos venideros, cuando las ciudades se valoran más por los fragmentos que por una unidad tejida sobre lazos de solidaridad.

En el cuidado de nuestro patrimonio, comprobé que poco había cambiado. Sólo continuaría el lamento. Me alejé de aquel "pago chico", guiado por la luz de la tormenta, en tiempos, en que las tempestades comenzaban a integrarse al paisaje urbano no sólo de la Loma, sino también de todas las fisonomías urbanas.

Eduardo Marcelo Soria

 

(1). Jauretche, Arturo (1966) El medio pelo en la sociedad argentina, Buenos Aires. A. Peña Lillo editor

1er Premio Poesía

TRAVESURAS DE VERANO

¡Siestas de Verano en Lomas del Mirador...!
Un Rugby sin capota, Cuancito, un chofer de doce años
y el mixto piberío de La Barra, en cómplice silencio
y habilidad de indiada, tomaba por asalto sandías
y melones en la orilla sin árboles del Monte Dorrego,
Partido de La Matanza.(2)
El ladrido de los perros alertaba a los Vascos.
La descarga de perdigones sobresaltaba la calada
y arrastrando las bolsas con los frutos saqueados,
sudorosos y triunfantes, los pilletes al escape
saciaban su gula en las pulpas almibaradas.
A las cinco de la tarde, descargado el polvo en la tina
del patio, con ropa limpia, sandalias lavadas, ollitas
enlozadas y la recomendación de la Madre...
¡Ida y vuelta, derechito a casa...!
en el Tambo La Cabaña se enfrentaban los culpables
con los Vascos enfurruñados, dueños de las sandías
y melones, para comprarles la leche recién ordeñada.
Rasguños, miradas huidizas, cuerpos en guardia
y conciencias culpables, delataban. a los ojos
de los Vascos depredados, los miembros de la Barra,
conjurados en no delatar a La Negra y a La Ñata,
hijas de los damnificados y bajo la sombra
de boinas agrisadas, cejas espesas, hirsutos bigotes
y fieras miradas... florecía la sonrisa socarrona y...
¡La yapa...!
Para Doña Luisa, buena cliente, cinco rayas
de la medida del jarro y para los Conjurados...
Un paseo en el Petiso tobiano...
El astuto escondite entre los fardos prensados...
La exploración siempre excitante en el galpón
de los arneses, carros, sulkys y chatas...
y para las Niñas traviesas, la zambullida temeraria
en el áspero tobogán de las parvas,
mientras Doña Nicasia, esposa del Puestero,
en la galería ornada por glicinas perfumadas,
diligente preparaba la merienda cotidiana:
blanco pan casero, mermelada de peras y manzanas
cosechadas en el Monte Dorrego y un tazón de leche tibia.
recién ordeñada, con té de cascarilla aromada.

Elda Zambón

(2) - San Martín - No ampliada -

ESTRENO DE DespaRamos

“Hasta acá llegamos”

Con dos brillantes actuaciones, el sábado 11 de diciembre del pasado año en la plaza Mitre de Ramos Mejía y el domingo 12 en el teatro de la Universidad Nacional de la Matanza, el grupo de teatro comunitario DespaRamos, integrado por alrededor de unos 50 vecinos, estrenó la obra “Hasta acá llegamos”.

La pieza cuenta la historia de la zona desde la llegada de los conquistadores, desplazando a los primitivos habitantes, hasta el loteo llevado a cabo durante las primeras décadas del siglo XX y que trajo aparejada la llegada de distintos grupos de inmigrantes españoles, italianos, judíos, que echarían raíces en la localidad y sumarían sus costumbres y su idiosincrasia para conformar lo que luego sería la pujante comunidad de Ramos Mejía.

El conocido actor, director y profesor de teatro Lito Cruz es el padrino del grupo y tuvo a su cargo la presentación de la obra. Aprovechó la oportunidad para destacar la importancia del teatro comunitario y de la función social que tiene reservada de estimular a los vecinos a salir por un momento de sus casas para una actividad reconfortante en una época en la que por el contrario todo los empuja a permanecer en sus domicilios cada vez más encerrados y aislados.

Alegres canciones, un colorido y variado vestuario, una apropiada escenografía en la que mucho tuvo que ver la abnegada colaboración del marido de una de las integrantes del elenco, conforman el marco adecuado en el que se desarrollan las distintas escenas que permiten disfrutar de un texto agudo donde se mezcla el humor con el mensaje profundo que invita a reflexionar.

Al término del espectáculo, la directora del grupo, la señora Beatriz Romeo, tras agradecer a todos los que con su colaboración hicieron que este sueño se convirtiera en realidad, invitó a todos los vecinos que lo deseen a sumarse al grupo a partir del año que viene, ya que no es necesario ningún tipo de experiencia previa para participar.

También anunció la formación del “Club de amigos” del grupo DespaRamos para aquellos que quieran colaborar con un pequeño aporte mensual para ayudar a solventar los inevitables gastos que se producen.

Los DespaRamos en acción

SOCIEDAD DE ESTÍMULO DE BELLAS ARTES

Muestra anual de plástica

   
     

La Sociedad de Estímulo de Bellas Artes de Ramos Mejía realizó del 9 al 20 de diciembre una muestra en la que los alumnos de los distintos talleres expusieron los trabajos realizados durante el año.

El Taller de Plástica para Adultos, a cargo de la profesora Laura Haydée Gaggero estuvo representado por los alumnos Esther Castiglione, Cecilia maría Cufré, Griselda Carbone y Gloria Palermo.

Por su parte el taller de Grabado, dirigido por el profesor Gustavo Fernández, presentó los trabajos de Griselda Carbone y Gloria Palermo.

Por último el Taller de Plástica para Niños, que cuenta con la conducción de la profesora Karina Donantueno, expuso las obras de Juliana Padilla, Ailín Padilla, Joshua Chazorreta, y Alejandro Piermartini Leibus Cheff.

Además de estos talleres, la institución ofrece una amplia gama de cursos dentro de las artes plásticas y otras ramas del conocimiento.

La sede se encuentra en la calle Castelli 129, Ramos Mejía.

 


Un minuto de silencio... y de reflexión.

Es probable que algunas de las familias que leen habitualmente nuestro periódico hayan sido alcanzadas en forma directa por el dolor de la tragedia que se sucedió tras el incendio ocurrido durante el recital del grupo de rock “Callejeros”, ya casi finalizando el 2004.

 

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