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De aquí y de
allá
Cuando todavía
perduran los ecos de la fiesta por los 40 años de Ramos Mejía que
nuestro periódico organizara con tanto éxito, sin tiempo para tomar un
respiro, el equipo de "La barra" ya se encuentra trabajando a pleno en
la organización de los festejos de los 20 años de Lomas del Mirador en
este mes de noviembre.
Si bien es una
celebración con características muy distintas, nos hemos sumado con el
mismo entusiasmo a un grupo de instituciones de la localidad con la
intención, una vez más, de concretar esta hermosa idea de festejar un
cumpleaños entre todos.
Esta tendencia
creciente de los vecinos a identificarse con lo local, con sus fechas
importantes, con su historia, se da precisamente en un tiempo en el
que nos cansamos de escuchar hablar de la aldea global, de un único
barco que nos lleva a todos en un viaje de destino incierto.
Dos dimensiones
contrapuestas del mismo ser humano que parecieran profundizar la
brecha que las separa. Por un lado el comercio, las comunicaciones, el
conocimiento, los problemas ecológicos, las guerras, un cúmulo de
esferas de la actividad humana, por citar sólo algunas, que han dejado
atrás todo tipo de fronteras y de distancias convirtiendo a toda la
geografía del planeta en un único escenario y a toda la humanidad en
una única platea, en la mayoría de los casos tele platea.
Por otro lado el
hombre y sus afectos, sus sentimientos, su necesidad de vincularse a
lo cotidiano, a sus raíces. El hombre no se siente todavía, en su
intimidad, habitante de un planeta, todavía se siente habitante de un
lugar mucho más acotado y concreto.
Es cierto que un
descubrimiento en India puede ser que solucione un problema en nuestro
barrio, o un grupo inglés toque la música que nos vuelve locos. Pero
las verdaderas alegrías y tristezas siguen pasando por los rostros
cercanos, conocidos, los que podemos palpar con la yema de los dedos,
por los cuerpos que podemos abrazar, por los lugares que concretamente
hemos pisado.
Es esta
dimensión la que "La barra" pretende reflejar en sus páginas frente al
bombardeo de imágenes y sonidos "universales" que transmiten los
medios masivos las 24 horas. Aunque más no sea para ofrecer una
alternativa de elección, un recordatorio de que también hay otra parte
del ser humano que necesita expresarse y saber que no está sola, que
convive en muchos otros.
Es probable que
esta dicotomía sea solo una estación más en la que el hombre debe
hacer un alto antes de que el tren de la historia, que lo lleva en su
eterna búsqueda de la unidad que lo integre, reinicie la marcha.
A revisar si la
"Pelopincho" está en condiciones y preparar la malla que el calorcito
está empezando a apretar. Nos reencontramos en diciembre
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