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Hacerse amigo de uno mismo
Dicen que para
querer a los demás hay que empezar por quererse a sí mismo. Y como la
amistad transita por un camino superpuesto al del cariño habría que
concluir que para ser un buen amigo del prójimo habría que empezar por
ver en el espejo el rostro de un buen amigo y tratarse como tal.
Puede parecer obvio
pero no lo es tanto. Uno al amigo lo cuida, se está a su lado si lo
necesita, se lo acepta tal cual es y se le tolera sus defectos. En
cambio muchas veces no somos tan contemplativos con nuestras propias
necesidades, ya sea las de nuestro cuerpo físico o de nuestra parte
emotiva.
Por las urgencias
cotidianas que siempre nos andan corriendo de atrás, por comodidad,
por miedo o por un cúmulo de factores imposibles de detallar, lo
cierto es que no nos prestamos todo el cuidado, el afecto, los mimos
que deberíamos y que por cierto merecemos.
Nos acordamos
cuando hay una señal de alarma. Es como cuando llama un amigo y nos
reprocha "¿Qué te pasa perdido que no hay noticias tuyas?" y recién
ahí tomamos conciencia de que lo tenemos olvidado. El problema es que
el cuerpo o el alma no se conforman con un tirón de orejas a través
del celular. Cuando hacen sonar la alarma, el sacudón suele ser mucho
más fuerte.
Todo esto viene a
cuento de que en este mes, el 20 de julio, es el día del amigo.
Aproveche la oportunidad e inclúyase en la lista de los que tiene que
saludar o inclusive hacerse un regalito.
No se le ocurre
nada. Le damos una idea: póngase en movimiento, seguro que su cuerpo
se lo va a agradecer. Vaya en el día del amigo a jugar ese partidito
de fútbol al que hace tiempo que le tiene ganas, o de tenis, o de
bochas. O salga a andar en bicicleta, a trotar o simplemente a
realizar una larga caminata.
Y enseguida va a
notar que lo que decíamos al principio se cumple. En cuanto empezó a
pensar en hacerse ese regalo de inmediato vienen a su mente los amigos
con los que puede compartir ese momento. Porque el deporte como juego,
como calidad de vida, dejando de lado las exigencias de la alta
competencia, es ante todo un tiempo para disfrutar en compañía.
Si no está muy
convencido de estos argumentos no tiene más que reparar en la conducta
de los chicos. Siempre están listos para dedicarse al juego. Lo pueden
hacer solos, pero cuando están junto a otros lo disfrutan mucho más. Y
si uno los mira atentamente se da cuenta de que puede ser que se
entretengan con los jueguitos de la computadora o una actividad
equivalente, pero solo se los ve realmente felices es cuando su cuerpo
interviene en el juego.
Es cierto que usted
ya no es un chico, pero igual sigue necesitando el movimiento y la
amistad para sentirse pleno. Así que qué mejor que dedicarse a algo
que reúne ambas cosas. Y por si fuera poco lo ayuda a soportar mejor
los rigores del invierno.
Feliz día del
amigo. Nos reencontramos en agosto.
El Equipo de La barra
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